12 estrategias para favorecer la inteligencia emocional en niños

Según la neurociencia, el cerebro cambia continuamente a lo largo de la vida, moldeado por las buenas y malas experiencias que se van teniendo. Esto es especialmente cierto para la inteligencia emocional en niños.

Los padres, con su comportamiento cotidiano, pueden fomentar experiencias capaces de favorecer un desarrollo equilibrado de las diferentes partes del cerebro de sus hijos.

Así lo afirman dos psicoterapeutas estadounidenses, Daniel J. Siegel y Tina Paine Bryson, en el libro “El Cerebro del Niño: 12 Estrategias Revolucionarias Para Cultivar La Mente En Desarrollo de Tu Hijo”.

La esencia de las 12 estrategias es esta: escucha mucho a tu hijo, fomenta el diálogo tanto como sea posible, nunca olvides algunos mimos y respeta al niño, es decir, nunca te muestres superior a sus emociones.

12 estrategias para favorecer la inteligencia emocional en niños

  1. ¿Estás enfadado? Entiendo, pero esto no se hace…

Cuando tu hijo se sienta abrumado por emociones intensas, por ejemplo, si está enfadado o molesto, primero intenta comprender sus emociones. Cuando el niño esté más receptivo, pasa a la explicación racional.

Es importante comenzar lo antes posible a dejar que el niño conozca las emociones, actuando como un “espejo” de sus estados de ánimo. Hazle saber que lo comprendes, quizás con un abrazo o una expresión llena de comprensión (ej. ¿Estás decepcionado verdad?).

Cuando el niño crezca podéis buscar juntos una solución. Deben evitarse siempre las actitudes de superioridad.

  1. Estás triste, ¿verdad?

Cuando surjan emociones intensas e incontrolables, ayuda a tu hijo a decir qué es lo que le hace sentir mal. De esta forma tendrá que racionalizar su experiencia, sintiéndose más en control.

Desde el principio se debe tomar la costumbre de enseñar al niño a reconocer la emoción que siente, poniéndole un nombre: Te sientes triste, ¿verdad?  Luego cuenta lo sucedido con palabras, incluso escenificando lo que ha ocurrido, si es posible con un poco de humor. A tu hijo le reconfortará.

Puede ser útil crear un cuadernillo o un álbum con dibujos y fotos para contar una experiencia, o para preparar al niño para una transición, como la entrada a la guardería.

La narración del trauma, ya sea grande o pequeño, aún puede ser responsabilidad de los padres, incluso si, a partir de los seis años, el niño debe dominar la narración directa, tal vez facilitada con preguntas directas de los padres. Después de los nueve años, deja que describa lo que sucedió a su propio ritmo.

Debes tener en cuenta, sin embargo, que no se puede obligar a los niños a contarlo y, por lo tanto, si tu hijo no quiere hablar de algo, sugiérele que cuente lo que sucedió en su diario o ayúdalo a encontrar a alguien con quien hablaría de ello tranquilamente, quizás el abuelo o a veces los tíos suelen ser de gran ayuda.

  1. No solo cuando realmente se necesita

La estrategia del “no, no, no…” resulta particularmente ineficaz, sobre todo con niños de dos a tres años, si se utiliza con demasiada frecuencia: reserva el no para cuando realmente lo necesites.

La próxima vez que te encuentres diciendo que no o prohibiendo algo, prueba una alternativa. ¿Qué tal si vamos a dar un paseo?

A medida que el niño crece, una pregunta efectiva para evitar enfrentamientos podría ser: ¿Tienes alguna idea de cómo podemos tener ambos lo que queremos?

Entre los seis y los nueve años podrás explicar tus motivos, plantear dudas y alternativas. A partir de los nueve años entramos en la fase más difícil. Mientras mantienes tu autoridad, explora alternativas tanto como sea posible y negocia reglas y disciplina con el niño.

  1. Entrena la parte racional del cerebro

Darle al niño oportunidades para ejercitar la parte del cerebro que le permite reflexionar sobre sus propios actos, para que pueda fortalecerse y saber conectarse con las partes del cerebro conectadas con el instinto, las reacciones viscerales, la supervivencia y el cuerpo.

¿Cómo hacerlo? Siempre que sea posible, intenta que el niño tome decisiones autónomas, desde la elección de alimentos o ropa hasta, posteriormente, situaciones hipotéticas de “¿qué harías tú en esta situación?”.

A medida que tu hijo crezca, siempre que pueda hacerlo con seguridad, evita resolver sus problemas y resiste la tentación de apresurarte a rescatarlo.

  1. ¿Está enfadado? Haz que se mueva

Una forma efectiva de ayudar a tu hijo a recuperar el equilibrio es hacer que haga algún movimiento.

Cuando se sienta abrumado por emociones intensas, después de demostrarle que comprendes su estado de ánimo, encuentra una excusa para hacer que se mueva. Por ejemplo, jugar a la lucha libre o competir para ver quién llega primero a un lugar determinado.

A medida que el niño crece, déjale claro que el ejercicio puede ayudar a cambiar el estado de ánimo.

Tomar un pequeño descanso para estirar un poco las piernas y los brazos o jugar con un yo-yo también puede ayudar.

  1. Haz que use el control remoto de su mente

El ‘control remoto de la mente’ ayuda al niño a contar una experiencia que lo hizo sufrir porque le permite, durante la narración, tomar descansos, retroceder o avanzar rápidamente a puntos menos angustiosos de la historia, dejándolo así en control sobre cuánto quiere “revisar”.

Aunque te aburras de escuchar o de contar la historia una y otra vez, recuerda que la narración favorece la comprensión y la superación de los traumas, pequeños o grandes.

A medida que los niños crecen, están menos dispuestos a compartir experiencias negativas y se necesitará una mayor dosis de tacto y aliento. En la fase de preadolescencia, se les puede explicar que aún con la posibilidad de detener la narración en cualquier punto e incluso avanzar rápidamente para las siguientes partes de la historia, es necesario volver sobre la experiencia en su totalidad, incluyendo las partes más dolorosas.

  1. Entrena su memoria

Ayuda a tu hijo a entrenar su memoria, a menudo estimulándolo a recordar experiencias que ha tenido.

Para los niños más pequeños, las preguntas simples son suficiente. Más tarde, ayúdalo a recordar experiencias del pasado para que pueda comprender mejor lo que le está sucediendo en el presente.

  1. Deja claro que las emociones son temporales

Recuérdale al niño que las emociones van y vienen. El miedo, la frustración y la sensación de soledad no son rasgos permanentes, sino estados temporales.

¿Cómo hacerlo? Comienza sentando las bases para enseñar al niño la diferencia entre “sentir” y “ser”. Muéstrale que reconoces sus emociones actuales y consuélalo, luego ayúdalo a comprender que no se sentirá triste para siempre, que pronto se sentirá mejor.

  1. Descubrir lo que llevamos dentro: pensamientos y emociones

Ayuda a tu hijo a prestar atención a los sentimientos, pensamientos, imágenes y emociones dentro de él y a comprenderlos.

¿Cómo hacerlo? Habla con él sobre su mundo interior. Ayúdalo a comprender que puede prestar atención a lo que sucede dentro de su mente y cuerpo y que puede hablar al respecto.

Aumentar esta atención le permitirá ejercer cierto control sobre lo que ha aprendido y lo que sucede dentro de él.

  1. Enseña calma y concentración

Incluso los niños más pequeños pueden aprender a calmarse y respirar profundamente, aunque solo sea por unos segundos.

Para que pueda cambiar su estado de ánimo puedes aprovechar su imaginación: imagina estar en la playa bajo el sol…

O haz que se acueste boca arriba y ponga un bote sobre su barriga. Enséñale a hacer respiraciones largas y lentas para hacer que el bote suba y baje. Incluso un tiempo muy corto hará que el niño entienda cómo se siente cuando uno está tranquilo y en paz.

A partir de los nueve años, explícale explícitamente al niño los beneficios de la relajación y la concentración y demuéstrale que es capaz de dirigir su atención a pensamientos y emociones que lo hacen sentir feliz y en paz.

  1. Diviértete con tu familia

Crea oportunidades para la diversión familiar para que tus hijos puedan tener experiencias positivas y satisfactorias con las personas con las que pasan la mayor parte de su tiempo. Juega con él, reíos juntos y mímalo.

A medida que los niños crecen, no subestimes la importancia de los juegos de mesa para fortalecer los lazos familiares. También podéis ir de campamentos juntos, cocinar juntos o ir a un parque de atracciones en familia.

  1. ¿La pelea? Una oportunidad

En lugar de verlo como un obstáculo a evitar, debes ver el conflicto como una oportunidad para enseñar a tus hijos habilidades fundamentales para las relaciones.

Háblale sobre la importancia de compartir y tomar turnos desde una edad temprana y luego explica la importancia de comprender el punto de vista de los demás mostrándoles qué señales no verbales deben tener en cuenta.

Siempre ten presente que debes enseñar que el conflicto no es algo que se deba evitar sino que se debe resolver y que hacerlo muchas veces mejora una relación.

¿Quieres saber más sobre inteligencia emocional? Lee nuestro artículo: Educar a los niños con inteligencia emocional.

 

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