El placer de ir lento

Enseñemos a nuestros pequeños a aprovechar el aburrimiento. Vivimos en un frenesí constante. Somos esclavos del reloj y parece que todo nos obligue a programar todas las horas libres con actividades, juegos y pasatiempos.

Parar, contemplar, curiosear… Hay que crear un espacio sin actividad programada y dejarles experimentar en ese tiempo “vacío”, que aprendan a enfrentarse con ellos mismos y reconocer su propio yo.

Dejemos un tiempo para que las cosas pasen lentamente, sin prisas, respetando el ritmo y la cadencia de cada uno.  En la música,  el silencio y el ritmo, en una distribución adecuada del tiempo, contribuyen a crear verdaderas melodías, en nuestra vida pueden ser excelentes instrumentos terapéuticos.

La hiperactividad puede desembocar en ansiedad, los logopedas y los psicólogos a menudo se explican como conductas de rechazo al exceso de estímulos a los que los niños y los jóvenes se ven sometidos. La calma, la concentración y el silencio son excelentes aliados para lograr la concentración, que mejorará el aprovechamiento de  una actividad, tarea, juego o pensamiento de los niños.

Aprender a relajarnos y “bajar el ritmo”, recuperar el bienestar que nos regala “escuchar el silencio”. Vivimos rodeados de actividades que provocan excesivo ruido y no nos dejan disfrutar de las cosas más sencillas y cercanas, como pasear con nuestros hijos por un parque en silencio, escuchar la lluvia, etc. Múltiples experiencias educativas y agradables de compartir.

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