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Niños felices: 3 señales para entender si un niño es feliz

Un niño feliz crecerá armoniosamente y se convertirá en un adulto satisfecho. ¿Pero puede la felicidad cerrarse en solo tres puntos? ¡Absolutamente no! Al contrario, ¡ser feliz es un gran trabajo!

Aquí os exponemos tres características que identifican a un niño feliz.

Primera señal: busca nuevos desafíos y actividades

Todos los niños quieren dominar el mundo y las situaciones. Es una motivación primaria inherente a todos los seres humanos. Un niño que vive en busca de desafíos está satisfecho, se siente seguro hasta el punto de probarse a sí mismo. Esto significa que su autoestima se está desarrollando fuertemente y que no tendrá miedo a involucrarse.

¿La autoestima es sinónimo de felicidad? No es el único componente, pero ciertamente indica un enfoque positivo de la vida, un ingrediente fundamental para poder ser pacífico.

Por el contrario, los niños desanimados, desmotivados o temerosos evitarán las novedades, intentarán consolarse con actividades simples, con la esperanza de recibir consentimiento y mostrar su valor a sí mismos y a los demás.

El niño con baja autoestima es poco sereno, ya que vive con el temor de ser juzgado y con el peso de intentar que se reconozcan sus cualidades.

En la práctica: el niño seguro sigue a sus amigos en nuevos deportes y nuevas experiencias; Es proactivo y siempre está en movimiento. Se involucra en una competencia saludable, reconociendo el valor del ejercicio y el entrenamiento. ¡Es un verdadero “volcán”!

Segunda señal: cuenta con ganas lo que hace

La historia es una herramienta que los niños tienen para revivir y reelaborar sus experiencias. Estarán particularmente felices de contarte lo que hicieron durante el día, si fue satisfactorio.

Una narrativa sana y serena es bastante objetiva (lo importante es que la historia se adhiere a la realidad), rica en detalles, destaca el componente emocional y no oculta errores.

Incluso en casa, un niño feliz se enorgullecerá de mostrar sus dibujos, los quehaceres y los juegos: seguramente recibirá una opinión positiva, pero también sugerencias valiosas para mejorar cada vez más.

Niños reticentes: un niño que se niega a contar lo que ha hecho probablemente sufre por ello; Esto es particularmente cierto para el colegio, pero también para los deportes. La reticencia indica el deseo de ocultar algo, a menudo la percepción de la incapacidad de uno. Esta dificultad para expresarse debe tratarse con cuidado: no es necesariamente una tragedia, pero es un indicador de que algo está mal.

Tercera señal: es curioso, como un pequeño mono

La curiosidad de un niño está vinculada a su sentido de efectividad, un poco como la búsqueda de desafíos. Los niños felices sienten que son los creadores de su propio destino y hacen todo lo posible para aprender lo más posible.

¿Curiosidad o diligencia? La curiosidad a menudo se confunde con un buen rendimiento académico, con la capacidad de estudiar. La curiosidad se puede canalizar en mil direcciones, que no necesariamente siguen fielmente los planes de estudio escolares. Hay signos más importantes: el niño curioso lee mucho, busca imágenes de los temas que despiertan interés, pregunta, visita voluntariamente nuevos lugares, siempre hace mil preguntas.

Niños felices

Si la respuesta a las 3 preguntas descritas anteriormente es positiva, estamos seguros de tener un hijo frente a nosotros que crecerá libre y feliz, que algún día descubrirá el mundo y saldrá victorioso del desafío de la vida.

Trata de trabajar en los tres puntos, para fortalecer la autoestima, la curiosidad y el placer de contar: ten curiosidad también sobre la vida de tus hijos, recordando no ser intrusivo.

Si una de las tres preguntas se responde negativamente, no hay problema: el niño generalmente está tranquilo. Lo importante es mantenerse positivo, educar en la felicidad a través de un buen ejemplo y ser observadores atentos; tú serás quien descubra y resuelva la causa del pequeño problema. Hay muchos aspectos que deben abordarse durante el curso de la educación: reconocer los límites de uno, aprender a no ser influenciado por el juicio externo, superar el miedo de los demás. Es normal que todos tengan algunas quimeras.

¿Y si no es así? No te preocupes: la crianza de los hijos es el trabajo más difícil del mundo (probablemente a la par con el maestro) y uno nunca debe desanimarse. La inseguridad es un poco como la anemia: requiere una cura tónica y robusta; y además puedes arreglarlo, ¡esa es la buena noticia! En concreto, será bueno mostrar todo nuestro afecto, usándolo para tranquilizar y alentar el desafío y la curiosidad. Ayuda al niño a hacerlo por sí mismo, propón actividades en las que seguramente le vaya bien y anímalo; sube el listón día tras día, pero nunca hagas juicios: el niño debe sentirse libre de cometer errores, a salvo de las críticas. En poco tiempo notarás resultados positivos.

Si las cosas no van como deberían, puede haber un problema latente: en este caso será bueno contactar a un especialista, pedagogo o psicólogo.

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